Victor Hernández Sevillano - fotografía


DE COMO UN NIÑO QUISO SER FOTÓGRAFO.

Hijo de un delineante profesional y de una enamorada del arte, he vivido siempre rodeado de arte y de líneas. Mi padre tenía una mesa de trabajo en mi cuarto, y recuerdo despertarme muchas mañanas rodeado de planos de papel vegetal. Me gustaba sentarme cerca de él, verle trabajar y quedarme embobado con su perfección en los dibujos. Y, sobre todo, me apasionaba verle disfrutar con lo que hacía. Yo también quería una profesión así.

Mi madre estudiaba historia del arte por las noches, cuando no podía dormir... o cuando era el único momento del día en que podía... Cuando me levantaba para ir al colegio, el salón estaba repleto de libros abiertos llenos de arte ( pinturas, esculturas...). No era raro que me parara a ojearlos y consultarlos. Gótico, Renacimiento, Barroco, Impresionismo, Abstracción... y a las cuatro de la madrugada. ¡Qué fuerza la de mi madre! ¡¡¡Qué PASIÓN !!!. Yo también quería sentir algo así.

Paradojas. Vivía rodeado de arte, y sin embargo no era capaz de hacer ni la "o" con un canuto. Me habría gustado ser pintor o dibujante, escultor o arquitecto, pero al coger el lápiz, se veía que no era lo mío. De pequeño intentaba dibujar como hacían los demás niños del colegio, pero no tenía ingenio.

Pintar, dibujar... no es lo mío.

Un día, realizando talleres en una granja-escuela, un monitor me metió en una habitación oscura. Encendió una luz roja tenue y metió un papel completamente blanco (lo juro, era totalmente blanco) en un líquido maloliente. Y... ¡¡MAGÍA!!... en pocos segundos aparecieron unas líneas en el papel, cada vez más definidas. De pronto asomó una imagen nítida y clara. ¡¡Era yo!! Aquello me dejó sin palabras... Poco después, entendí para qué servía aquella caja de "Fontaneda" que me habían hecho cerrar con cinta negra y a la que había hecho un pequeñísimo agujero, en uno de los lados.

¿Y con una caja de galletas se hacían las imágenes que yo veía atontado en los libros de mi madre?. Aquella aparición no era ni un dios, ni un espíritu ni un sueño, era una realidad. Era la FOTOGRAFÍA, y de esta manera entró en mi vida.

Con 17 años, la cámara de mi padre en la mano y muchos deseos, entre en la Universidad con la intención de convertirme en un creador de imágenes. Y pronto empecé a trabajar... y me compré mi primera cámara.

La fotografía me ha enseñado no sólo su esencia misma (espacio y tiempo), sino muchas otras cosas. Me ha mostrado su capacidad para provocar sensaciones, sugerir ideas, generar mundos, conocer gente y gentes...pero, sobre todo, me ha demostrado que sí soy capaz de dibujar. No con un lápiz, sino con los elementos que veo en la realidad. Sonará raro, pero mis ojos se han convertido en un pincel que sí soy capaz de dominar.

Siempre he pensado que cada uno tenemos una forma diferente de ver el mundo, y claro está, yo no soy una excepción. Por eso titulé mi primera exposición de fotografía en los Cines Renoir así: "Reflejos; una realidad deformada". Una serie de imágenes (mucha de ellas se pueden ver en esta presentación) que representan muy bien mi visión de lo que me rodea. El título de mi segunda exposición también está relacionado con esa idea: "Cine, visiones de una espera", donde muestro mi peculiar concepción de la aburrida espera en la cola de un cine.

Y si me preguntan por las influencias, no me queda más remedio que remontarme al pasado, situarme junto a las líneas de mi padre o los libros de mi madre. Mis imágenes están llenas de líneas, de formas geometrías, de arquitectura (cómo le gusta decir a mi amigo Dani)... que generan en algunos casos caos visual (abstracción y surrealismo), pero en otros una serenidad clásica, basada en el arte más antiguo. Con esto no quiero decir que a la hora de hacer fotos, tome referencias de un cuadro determinado, sino que esas líneas y esos estilos se encuentran en mi imaginario personal.

Pero la fotografía no es sólo un reflejo de la realidad, de un espacio y un tiempo, también es un juego, un mundo en el que todo parece real pero nada lo es.

Me gusta jugar y ver cosas que nadie más ve. Mostrarlo en mis imágenes y que sólo mediante la observación, el análisis y, por supuesto, el interés de los demás sean capaces de apreciar (o encontrar) lo que yo busqué. La ironía, los contrastes, las coincidencias se mezclan con imágenes que engañan a la vista y que reinterpretan la realidad. En realidad generan nuevas realidades, nuevas formas.

Víctor Hernández Sevillano.

 

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